Prior de la Cofradía

Meditaciones

A L'OMBRA DEL PEIRÓ

1 de Mayo

Siempre que vuelvo a mi Peiró y contemplo las vistas, que a lo largo de mis años han ido variando tanto, sobre todo a mi espalda a occidente, mi mirada irremediablemente se complace en dos hitos privilegiados: los lejanos montes verdes-violeta que nos circundan hasta el mar y la vecina casa, la casa de la Madre: la Basílica. Fue un uno de Mayo domingo, Fiesta Mayor, cuando se promulgó solemnemente el Breve con el que el Santo Padre nos honró concediendo el título de Basílica al Ermitorio secular, que guarda ese tesoro entrañable para todo castellonense, lledonero en el alma. Era el año 1983 y el Santo Padre, que firmó la víspera de S. José la concesión del honor, era S.S. el Papa Juan Pablo II. Este 1 de mayo de 2011, también domingo y Fiesta Mayor, aquel prócer de la Humanidad, el hombre que recorrió el mundo como ningún otro Papa, que con lucidez inimitable fue sembrando paz y comprensión, entusiasmo y humildad por todo el orbe, que admiró a propios y extraños soportando un peso de dolor y de entrega a su ministerio, que no estamos acostumbrados a contemplar, aquel hombre de feliz memoria, será beatificado en Roma: es el reconocimiento de la Iglesia como modelo de un discípulo de Jesucristo.
Son coincidencias de la historia, que aquí sentado en estas piedras, testigos de tantos acontecimientos, no puedo dejar de evocar, con el corazón agradecido. Sonarán las campanas en Roma para la urbe y para el orbe y sonarán las campanas de la Basílica menos solemnes y profundas que las de San Pedro pero más cantarinas y con el perfume inigualable de las flores de azahar que nos circundan. Uno de Mayo de 2011, primer domingo de Mayo, Fiesta Mayor de Santa Maria del Lledó, aniversario de la solemne promulgación del Basilicato, aquí en Lledó cantaremos y honraremos a Nuestra Patrona como siempre y como nunca, y en Roma una ingente multitud de todo el mundo asistirá a la beatificación de un Papa que en su escudo pontifical quiso plasmar su amor a la Virgen María con el lema “Totus tuus”.

Nuevo Prior

Finalizaba el verano de 2010, caía el sol y me senté sudoroso en las gradas tibias del Peiró, la caña me protegía con su sombra y el perezoso ambiente era propicio para lejanos recuerdos. Íbamos a celebrar una gran fiesta, la entronización de un nuevo Prior de la Basílica, que a nadie podía dejar indiferente: ilusiones y expectativas. Cómo han cambiado las cosas. Cuando yo era muchacho y seminarista en la década de mitad de los cuarenta a mitad de los cincuenta, Lledó era una iglesia limpia, pero oscura, de un color gris-azul, en la que resaltaba solo la brillantez de la hornacina y en medio la imagen de la Virgen con su manto acampanado. Era el primer adecentamiento después de los graves deterioros del tiempo de la guerra, en 1940; ni el camino era entonces avenida, ni existía aún este Peiró, en el que ahora me apoyo y que pide mis confidencias. En aquellos años el notable grupo de seminaristas de Castellón, en Tortosa, no sabíamos de las fiestas de Lledó a penas nada, porque en Mayo estábamos en pleno curso, y no teníamos ni tele, ni internet, ni radio, ni prensa, sólo las noticias de quienes venían a visitarnos desde casa de vez en cuando. Supimos muy poco de las celebraciones del 25 aniversario de la Coronación, el año 1949. Sin embargo, ya en el Seminario mayor, el Colegio de S. José, llegado Mayo, nosotros instituimos una particular celebración en honor de nuestra Patrona, cantábamos los gozos y la Salve y hacíamos una pequeña velada en la montaña del Colegio. De las vacaciones, en cambio, me vienen otros recuerdos, que se refieren a los priores: recuerdos lejanísimos de aquellos sacerdotes venerables, que celebraban en la Arciprestal, entonces en San Agustín, y sabíamos que alguno de ellos tenía que ver con Lledó, conocí a mossen Vicente Pachés, a D. Manuel Pascual, a mossen Rovira, mossen Vizcarro y otros sacerdotes, para mi entonces muy mayores, y que bajo la dirección del Arcipreste D. Joaquín Balaguer servían Lledó. Todavía no estaba habilitada la casa prioral y el que se encargaba de Lledó vivía en su casa de Castellón. Con frecuencia en la sacristía hablaban de Lledó, pero para cuando llegábamos nosotros de vacaciones ya las fiestas quedaban lejanas. Allí en San Agustín teníamos además la imagen de la Virgen, que, cuando se inauguró en 1943 la Capilla de los Patronos, sería entronizada de manos del Vicario General de Tortosa, D. Claudio Pérez de Heredia (nada que ver), en aquella capilla, única parte reconstruida de la entonces Arciprestal de Santa María, pero que constituyó desde el primer momento un lugar de excepcional devoción y oración, era pequeñita y angosta pero recoleta y estaba en el corazón de la ciudad, siempre de paso para una íntima plegaria. Vino después mossen Tonico Prades, castellonero de pura cepa, a quien conocí como administrador en el seminario y que desde allí, refundada la Capellanía de Lledó, paso, en 1956, a ser por nombramiento episcopal Prior de Lledó e inauguró la serie de los priores de los tiempos modernos, por decirlo de algún modo. Sacerdote arraigado en el pueblo, como pocos y gran amante de la Virgen y de todo cuanto significó y pudo significar algo para Lledó y su Castellón. Vivió la reestructuración de la Diócesis y se sintió libre para iniciar con libertad, buen sentido y entusiasmo caminos en la nueva situación. Como hombre enraizado comprendió como pocos cual era la tarea de un Prior de Lledó. Su prematura muerte le privó de organizar el Centenario de la Troballa, que sin duda le hubiera llevado a realizaciones que han ido surgiendo de lo que él sembró. Los siguientes treinta años los cubren dos priores. D. Manuel Herrero, con dos grandes acontecimientos en su período el Centenario de la Troballa y el 50 aniversario de la Coronación; tuvo una ilusión, dotar al Santuario de una escolanía, y construyó alguno de los altares laterales. Y el segundo D, Vicente Pascual, en cuyo tiempo se concedió la dignidad de Basílica al Santuario y se transformó el interior de la Basílica, él ha dejado una bella y original relación escrita e ilustrada de los acontecimientos sucedidos en su priorato. Los demás priores ya son historia viva, pasada pero viva. Hoy con D. Josep Miquel entramos en la actualidad, nada es historia todavía, pero empieza a serlo, el Peiró me está diciendo que no siga, que le susurre al nuevo Prior que espera que algún día venga a sentarse aquí, cuando el sol en su caída ilumina de lleno la fachada de la Casa y de su casa, y que converse con él; que él sabe muchas cosas, que nos ha conocido a todos, que sabe de muchas ansias, dolores y alegrías de los que cada día van llegando, que ha oído muchas tracas de bodas y ha visto muchos castillos y ha oído muchas serenatas, que no se arredre por nada, que los días pasan y, ya ve, él sigue ahí firme y mensajero indicando los caminos, y haciendo saber que ahí enfrente hay algo sagrado. Confía, buen amigo, en el Señor y en la Señora. Con él desde aquí te doy un abrazo, un fuerte abrazo.

JMJ

Estaba aquella tarde casi aterido de frío, con mi gorro de invierno y enrollado en mi bufanda sentado en esta dura y fría piedra del Peiró silencioso, porque no quería que me fuera y quería gozar conmigo el ver llegar a Lledó la Cruz de la Jornada Mundial de la Juventud, traída a la Basílica por los jóvenes. Había sido recibida con fervor en tantas partes y era un acontecimiento que también aquí se sintiera el entusiasmo de esa Jornada Mundial, que pretende entusiasmar a la juventud y despertarla con el anuncio de la fe y de la esperanza, que Benedicto XVI quiere transmitir a los jóvenes del orbe que buscan encontrar su puesto en este mundo y en su propia vida. Un poco de luz, una llamada para humanizar, ante tanto alboroto y vaciedad, tanto hablar de libertades y tanta esclavitud. Tanto progreso y tanta miseria y hambre. Encontrarse a si mismo y encontrar algo y a alguien a quien agarrarse y construir una ciudad nueva, más humana. Ya anochecía, un grupo de chicos y chicas, entre ellos rostros lledoneros conocidos, me alegró ver que contaron con el Perot y el Clavario, portaban la Cruz de las Jornadas, símbolo de Jesucristo, que murió en la cruz, una cruz que pesa sobre toda la humanidad, y que nos habla de una vida eterna. Despierte nuestro espíritu. Pasaron y entró la cruz en la Basílica: les oía susurrar y cantar, y salieron con la Cruz y un icono de Nuestra Señora. Esperamos en una juventud que sigue a Cristo el Señor y rezamos por ella. Se forjarán el futuro. Lledó es un extraordinario lugar para acoger toda manifestación de fe y junto a Santa María todo es fuerte, todo es justo, todo es bueno.

Terremotos y maremotos

Estoy de pie en la grada más alta del Peiró, cogido a la caña, y estoy escuchando una emisora que sigue narrando las terribles y desastrosas consecuencias del terremoto y sobre todo del maremoto que asoló las costas de Eurasia opuestas a las nuestras, la catástrofe del año: ellos son el oriente, nosotros el occidente pero ambos en la misma masa continental. Fenómeno este, sabido, que se debe al proceso de evolución del globo terráqueo, pero no por ello menos sorprendente y menos terrorífico, que conmueve al mundo y llama a la solidaridad. El Señor se apiade de tantos miles a quienes arrastró la ola a la muerte, no vayamos inadvertidos por la vida y seamos solidarios en lo que podamos. Y una tercera palabra: en otras catástrofes tiene que ver la mano del hombre. Si el bien pretendido no es superior al riesgo o es posible sin riesgo, ¿por qué jugamos con el riesgo: ignorancia, desidia o turbios intereses? La catástrofe siempre arrollará a los más débiles. Bajé del Peiró y entré en la Basílica, era la hora del Ángelus, sonó la campana y recé por los vivos y los muertos “Sou l´arc iris de la pau”, Santa María.

Este año empezaremos el mes de Mayo con la fiesta Mayor, no es lo normal, pero tiene su encanto, así todo mayo es lledonero.

El Prior de la Real Cofradía